Maravillas del mundo

 
 

 

Maravillas del Mundo

Proverbio 21:13-21

“Quien cierra sus oídos al  clamor del pobre, llorará también sin que nadie le responda”  (v. 13)

La mayoría de nosotros vive con un techo  cubriendo nuestra cabeza (probablemente con un lugar agradable debajo de ese techo) y tenemos suficiente para comer (¡incluso a veces demasiado!).  Nuestras necesidades básicas están cubiertas – en realidad, para ser honestos, la mayoría de nosotros estamos bendecidos en gran manera.  Somos ricos – de tantas maneras maravillosas.

Mas sabemos que hay muchos millones de personas que viven en pobreza.  Muchos que buscan albergue, muchos que tienen muy poco para comer.   Por un millón de razones,  esa es la situación en que se encuentran.  Todos somos llamados a preocuparnos de los pobres, aunque sea escuchando sus historias.  Si no lo hacemos, como dice tan claramente el proverbio leído hoy,  Dios no oirá nuestro clamor cuando nosotros nos encontremos en una situación solitaria y desesperada.

A veces nos movemos en la vida, vamos de día en día sin notar todo lo que Dios nos ha dado.  Leí de un grupo de estudiantes a los que se les preguntó qué pensaban eran las siete maravillas del mundo hoy en día.  Aunque hubo algunas discrepancias, lo siguiente recibió la mayoría de votos:   las pirámides de Egipto: el Taj Mahal; el Gran Cañón del Colorado; El Canal de Panamá; las Cataratas de Victoria y del Niágara (que empataron): La Basílica de San Pedro; la Gran Muralla China.

Al revisar los votos, la maestra notó que uno de los estudiantes seguía escribiendo.  La joven  le dijo que estaba teniendo problema para decidir, pero finalmente entregó su respuesta.  Las siete maravillas del mundo que ella había anotado eran: ver, oír, tocar, probar, sentir, reír, amar.

Nuestro Padre celestial nos ha dado tanto.  Por lo tanto, debemos dar a otros – compartir con ellos las muchas maravillas de Dios.

Hoy, cuando veamos algo hermoso, cuando oigamos los sonidos de la naturaleza, cuando tranquilamente toquemos el hombro de un amigo, al probar algo exquisito, al sentir una emoción dentro de nosotros, al reír con alegría, que nos acordemos nuevamente del amor que Dios nos tiene – y como respuesta, que nos acerquemos a alguien en necesidad – tal vez alguien pobre en espíritu debido a alguna crisis en su vida.   Después celebremos juntos  las maravillas de Dios en el mundo.