Alegre, Alegre

 
 

                                                          

¡Alegre!  ¡Alegre!                                                                               

Habacuc 3:17-19

“Me regocijaré en el Señor; ¡me alegraré en Dios, mi libertador!  (v.18).

 

¿Qué le hace regocijarse?  Tal vez es oír risas de niños, admirar una hermosa puesta de sol, el murmullo de un cristalino arroyo. ¿Pueden los pensamientos sobre Dios también provocar regocijo en su corazón – al pensar cuánto ama y adora a Dios?

           

            Gozo, gozo hay en mi alma,
            gozo pues por él ya salvo soy.
            El camino puede ser oscuro
            mas él me guía y al cielo voy.

 

El poeta Henry van Dyke escribió unos versos en l907, con la intención que fueran cantados con la Oda a la Alegría’ de la Novena Sinfonía de Beethoven.  La canción se ha convertido en una expresión de alegría.

La canción no habla del amor que Dios nos tiene, pero habla del amor de los unos por los otros – amor que nos une.  Esta música es capaz de elevar nuestras almas en alabanza, honrando a Dios. Cuando podamos hacerlo, unamos nuestras voces y cantemos triunfantemente unidos.