Romanos 2

 
 

Romanos 2

18 de junio de 2015

Por Philip Layton

Pablo escribe a los cristianos gentiles sobre el juicio de Dios y la ley.

Preguntas para compartir

Los judíos y los gentiles eran salvados a través de Cristo y juzgados de igual forma (v 9-11)
¿Cómo pueden aplicarse las enseñanzas de pablo a nuestra comprensión? (v, 28-29)

 

Profundizando con “Palabras de vida”

Uno de los libros más perturbadores que he leído es “Estrechando manos con el diablo” de Romeo Dellaire. Libro que cuenta sobre la misión de Dellaire con las fuerzas armadas canadienses en Ruanda y la atrocidad del genocidio que sucedió en el 1994. Más de 800.000 personas fueron asesinadas, en un periodo de tres meses. Sobre tal terrorífico escenario, él dice:

 “Cuando pienso sobre las consecuencias del genocidio en Ruanda. Lo primero en lo que pienso  es en aquellos que morían de una manera agónica provocada por heridas de machetes, dentro de  sofocantes iglesias donde buscaban la protección de Dios y en vez de eso terminaban en los brazos de Lucifer”

Pecado. Maldad. Falta de Dios.

Los capítulos introductorios de Romanos se refieren a todos los aspectos del pecado y la maldad. Era un tema generalizado entonces y lo sigue siendo hasta el día de hoy. En la época de Pablo, Grecia y Roma representaban la gloria y la grandeza. Pero la historia tiene un amplio registro sobre hechos de vil corrupción y depravación desde ambos lugares. Pablo sentía la necesidad de hablar sobre la noción del pecado evidente y la maldad, lo que era y es una rebelión deliberada en contra de Dios.

No nos gusta hablar de la rabia de Dios como una respuesta, pero cuando leímos sobre casos como el genocidio en Ruanda, podemos comenzar a entender,  por que esto es una parte importante de lo que Dios es. El pecado es feo, perverso, el pecado no es una broma. No nos podemos rociar con el o jugar con eso en cualquier sentido.  Por que cuando elegimos el pecado, estamos estrechando las manos con el diablo.

Las extraordinarias buenas noticias son que la gracia de Dios se entrega incluso al más culpable de los pecadores. Cuando venimos limpios ante el todo poderoso Dios, pidiendo perdón y buscando hacer el bien, por su misericordia Dios ve nuestros pecados y una vez juzgados, se clavan a la cruz del salvador.