Hechos 27

 
 

Hechos 27

15 de Junio de 2015

Por Philip Layton

Pablo se embarca para ir a Roma y naufraga

Preguntas para compartir:                                        

  • ¿Las frecuentes referencias del autor a “un nosotros” ayuda a validar lo narrado (v 2)?
  • ¿Es este capítulo útil solo para propósitos históricos de los viajes de Pablo? ¿Hay algo que puedas aprender y aplicar en tu vida?

 

Profundizando con “Palabras de Vida”

Después de que el rey Agripa escuchara el testimonio de Pablo, este le dijo a el gobernador Festo: “Se podría poner en libertad a este hombre si no hubiera apelado al emperador” (26: 32). Debido a que Pablo era un ciudadano romano insistió en tener un juicio en Roma. Esto le dio oportunidades de compartir su fe con más personas. Así que se embarcó hacía Italia, su viaje final probó ser toda una travesía con una violenta tormenta.

El barco quedó atrapado por la tempestad y no podía hacerle frente al viento, así que nos dejamos llevar a la deriva. (27:15).

Pablo junto a otros prisioneros, habían sido entregados a Julio, un centurión del régimen del emperador. Había alrededor de 276 personas a bordo. Vino la tormenta y el pánico se instaló. Hasta que Pablo supo que todo estaría bien. Se paró ante todos los que estaban a bordo y dijo:

“Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo, y me dijo: “No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.” (V 23,24)

La lealtad de Dios, se muestra a través de las grandes tormentas de nuestra vida. Sí, a veces la travesía es dura, aunque con Dios a nuestro lado sabremos salir adelante.

Pablo y todos los que estaban a bordo llegaron seguros a tierra. El predicó a todos aquellos que lo pudiesen escuchar y muchos creyeron. Incluso mientras esperaba en Roma por su juicio, él seguía predicando “El reino de Dios” y enseñando sobre nuestro señor Jesucristo” (28:31)

Oración:

Señor, ayúdame, como a Pablo, para terminar el camino de la vida a salvo. Hasta entonces seguiré compartiendo las buenas noticias de tu hijo, Jesucristo, a todos aquellos que escuchen mis palabras.