Hebreos 7

 
 

Hebreos 7

26 de Octubre de 2015 
Por Philip Layton
 

Él (Jesús) se sacrificó por los pecados una vez, cuando se ofreció así mismo

Preguntas para compartir

  • ¿Por qué los hebreos necesitaban un sumo sacerdote, antes de Jesús?
  • ¿De qué manera vino Jesús a ser nuestro Sumo Sacerdote?
  • ¿En qué sentido Jesús es nuestro Sumo Sacerdote?

 

Profundizando con “Palabras de vida”

Melquisedec es algo misterioso, se menciona en Génesis 14 y en Salmos 110. Un Sacerdote de Dios, que bendijo a Abraham, Luego de que Abraham le diese el diezmo, porque Dios puso a los enemigos de Abraham en sus manos (Génesis 14:20)

¿Por qué se menciona nuevamente a Melquisedec en esta carta a los hebreos?

En hebreo Malqui significa “mi rey”; sedeq significa “lo correcto o la justicia”. La palabra sacerdote viene del latín pontifex, que significa “constructor de puente”. Melquisedec sacerdote de Dios y rey de la justicia: él que construye puentes entre Dios y la humanidad.

El sacerdocio judío ortodoxo depende únicamente de la genealogía. La falta de la genealogía de Melquisedec destaca su atemporalidad. Él sirve como prototipo para el Hijo de Dios; el nuevo sacerdocio para el pueblo hebreo. Él aquí representa a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote inmutable - intercediendo por nosotros y satisfaciendo nuestras necesidades:

Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos. Nos convenía tener un sumo sacerdote así: santo, irreprochable, puro, apartado de los pecadores y exaltado sobre los cielos. (vs 25, 26).

Los hebreos necesitaban saber  que este nuevo sacerdocio fue superior; que Jesús proporciona acceso directo a Dios y que el banco de los penitentes ahora estaba disponible para todos. El Dios que nos hizo para que nuestros corazones palpiten unos 40 millones de veces al año, conduciendo nuestro torrente sanguíneo a una distancia de 12.000 millas por día, con el maravilloso mecanismo de nuestros ojos y oídos, las misteriosas cualidades de nuestro cerebro, no nos creo s simplemente para existir.  Más bien, para caminar y hablar con él.  Según el orden de Melquisedec, nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo hizo el sacrificio supremo de una vez por todas, para nosotros. Redentor, amante, amigo. ¡Aleluya!