DICIEMBRE 2012 (ESPAÑOL)

Queridos Amigos,

El 19 de diciembre tuve el privilegio de predicar en un servicio especial de la Abadía de Westminster. La congregación de unas 2000 personas incluía a funcionarios públicos, embajadores, miembros del gabinete, y otros políticos. El coro canto magníficamente; los trompetistas de la guardia de granaderos y la exquisita música que salía del órgano me hicieron sentir como si estuviéramos presenciando la coronación de su majestad. La magnificencia de la procesión de los clérigos con sus vestiduras ornamentadas era algo digno de contemplar. Las lecturas y los villancicos relataron poderosamente la historia de la Navidad. Y la misma catedral ¡qué asombrosa! Es obvio que el arquitecto dio “todo lo máximo por el Altísimo”. Toda la escena, todo el acontecimiento fue inolvidable.

He estado, desde entonces pensando en el pequeño cuerpo de New Aberden en Canadá, en donde crecí, un lugar muy diferente en comparación con Westminster. No existe una comparación visual. Nuestro grupo de cantores no podría competir con los cantores de la catedral; nuestra suntuosidad era la obra de Navidad con batas de casa y toallas como tocados. Las vestiduras eran uniformes salvacionistas, la música era de nuestra banda pequeña. Pero, aun así, en ese dilapidado edificio de dos habitaciones, yo experimente una verdadera Navidad. Desde entonces la venida de Jesús ha sido una ocasión para celebrar.

Parece que he recorrido todo el mundo desde mi última carta en octubre. He visitado Florida en el territorio Sur de Norte América, luego Toronto y St John’s, Newfoundland. En otra oportunidad fui a Haití y Jamaica (en el Caribe) y luego a Papúa Nueva Guinea. Finalmente termine el año participando en el comisionamiento del territorio de Sud África. (Si no has leído los relatos de estos viajes, lo puedes hacer visitando la página web de Noticias Internacionales o en tu boletín territorial de noticias.) Las ocasiones fueron distintas, ciertamente los lugares eran diferentes, y los estilos de adoración eran variados. ¡Tanto contraste! Pero, la realidad de la presencia de Dios nunca se puede subestimar. Jesús lo explico de una manera simple cuando la mujer en el pozo entendió que la adoración estaba conectada con la tradición, edificio o geografía. No “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

A menudo pensamos que captamos la vida por lo que vemos, pero algunas veces la visión física limita una visión real. En esta Navidad, no estarán participando en el drama de la catedral de Westminster, pero si se pueden encontrar con Emanuel, Dios con nosotros. Ese encuentro significativo puede ser hallado en tu cuerpo, en tu hogar, cuando estés solo o acompañado. Vivirás en África, América, Asia, Europa o en el Pacifico Sur, pero no depende del lugar, ni hasta del ambiente. La Navidad viene una y otra vez cuando tu corazón se abre para recibir la generosa invitación de aquel que viene a morar en ti.

Que su presencia hoy, ilumine tu hogar y tu corazón. Dios les bendiga ricamente.

Sinceramente,

Linda Bond
Generala

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