Luchas familiares

 
 

Luchas Familiares

2 SAMUEL 15: 1-15

“Absalón envió mensajeros por todas las tribus de Israel con este mensaje: ‘Absalón reina en Hebrón’ ”  (v. 10).

Absalón pronto se entera que Amnón había violado a su hermana Tamar. Se enfurece tanto que hace matar a Amnón (ver 13: 28, 29).  Venganza.  ¡Pero hay más! Absalón quiere ser rey – anhela tener poder, usurpar el trono.  Así que va a Hebrón, diciéndoles a sus hombres que lo declaren rey allí.  La familia de David se estaba descomponiendo. Un hijo violó a su hermana; otro mató a su medio hermano.  Y ahora, Absalón quería el reino para sí, que significaba matar a su propio padre:

“Entonces David le dijo a todos los oficiales que estaban con él en Jerusalén, ‘¡Vámonos de aquí! Tenemos que huir, pues de otro modo no podemos escapar de Absalón. Démonos prisa, no sea que él se nos adelante. Si nos alcanza, nos traerá la ruina y pasará a toda la gente a filo de espada’ ” (v. 14).  

Imagínese huyendo  por temor a su propio hijo.  ¡Qué historia más trágica de una lucha familiar! ¿Cómo pudo llegar a tanto?

Recientemente le pregunté a varios cristianos cuán seguido disfrutaban de comidas juntos.  Me sorprendieron sus respuestas, enterándome cuán pocas veces lo hacen- principalmente debido a que padres e hijos viven vidas agitadas, apresuradas.  La comida familiar, por lo menos donde yo vivo, parece ser algo del pasado.  Y las devociones familiares solamente se efectúan en muy pocas ocasiones

Soy la primera en admitir que esto puede suceder.  Pero, por el bien de la unidad familiar, debemos hallar maneras de contactarnos unos con otros como miembros de una familia.  Orar juntos, leer la Palabra de Dios juntos.  Esto podría haber ayudado a la familia de David a evitar estas luchas familiares.  Por cierto, nos ayudará a nosotros a mantenernos cerca del Señor – si tenemos comunión unos con otros, y con el Señor, de esta manera.

Que Dios pueda bendecir a todas nuestras familias – hoy mismo. Presentémoslas como una ofrenda al Señor en ferviente oración.

¡Larga Vida al Rey!