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No, la escena no es de una película del tiempo de los piratas o un clásico épico, del tipo ‘Gladiador', sino que en pleno siglo XXI seres humanos son forzados a enfrentar una verdadera crueldad (por falta de una palabra mejor o peor.) Son secuestrados, o negociados - vendidos por una canasta básica, a veces menos - negociados hasta por quien debería protegerlos y cuidarlos, abandonados a su propia suerte, engañados con promesas de tiempos mejores y, de repente están siendo explotados más allá del límite de la dignidad, teniendo que prostituírse y, asombrosamente, muchas veces son usados para suplir órganos. Estamos hablando del tráfico humano, un mal insidioso, permanente, oculto por detrás del folclore de los cabarets, alimentado por la miseria social y la convivencia de la máquina burocrática gubernamental que continúa su marcha de éxito siendo una de las industrias más rentables (apenas menor que el tráfico de drogas y armas.)
Esta asombrosa realidad en el mundo, convive lado a lado con la complacencia de las personas de bien y la inoperancia de los gobiernos y agentes corruptos - a veces en flagrante ejercicio de este tipo de criminalidad, pero que, como en el caso del combate de las drogas, requieren acciones enérgicas, impopulares, valerosas, -ese tipo de acción que no es para cualquier clase de gobierno.
Tiene varios nombres, como explotación sexual, promesas de empleos en el exterior, adopciones ilegales, trabajo esclavo, tráfico de órganos humanos, etc. Pero hay un elemento en común, nadie conscientemente, escoge, prefiere, desea ser explotado. El principio de la libertad no combina con la palabra explotación, sobre todo cuando se trata de otros seres humanos. La historia de la esclavitud fue sobresaliente en la civilización y los derechos humanos surgieron porque había que decir basta a las diferencias sociales, raciales y de género. Entretanto la intolerancia y la falta de respeto al ser humano continúa.
En Brasil, el día 18 de mayo fue instituido por ley Federal Nº 9970/00 como el día Nacional de Lucha contra el abuso y la explotación Sexual de Niños y Adolescentes, a raíz del crimen que conmovió a toda la nación brasileña, conocido como el ‘Crimen Araceli', nombre de una niña de apenas ocho años de edad que fue víctima de estupro y cruelmente asesinada, en Victoria, Espíritu Santo. Números alarmantes hacen coro con las manifestaciones. Por ejemplo, con relación al trabajo infantil, dados por el Sistema Nacional de Evaluación de la Educación básica de 2003, demostraron que, entre los alumnos participantes, más del 74% de los estudiantes del 4º curso realizaban algún trabajo doméstico, y el 18% trabajaban fuera de su casa. En el 8º curso, estos índices eran, respectivamente, 75,04% y 25,09%. Esos resultados fueron obtenidos por la evaluación como uno de los factores que afectan negativamente el desempeño de los estudiantes.
Según denuncia el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), de entre las diversas manifestaciones de violencia contra niños y adolescentes, las más incidentes son el abuso sexual practicado por integrantes de la propia familia y la explotación sexual para fines comerciales, como la prostitución, la pornografía y el tráfico.
Además del crimen y cruel violación de los derechos humanos, esas expresiones resultan en daños irreparables para el desarrollo físico, psicológico, social y moral de los niños y de los adolescentes susceptibles a ese tipo de violencia. Entre otras consecuencias, las víctimas están sujetas a la dependencia de drogas, y el embarazo precoz e indeseado, a disturbios en la conducta y enfermedades sexualmente trasmisibles.
Para cambiar esta realidad, las actividades propuestas para el Acto del 18 de mayo buscan combatir el silencio y la indiferencia de la sociedad con relación al tema, -influenciados por la cultura de impunidad de los agresores-, lo que contribuyó con el ciclo de violación a los derechos de las víctimas.
Desde el año pasado el Ejército de Salvación ha estado comprometido en concientizar y despertar actos prácticos entre las comunidades y en los propios gobiernos, buscando llamar la atención sobre este grande mal. En eventos mundiales, como los Juegos Panamericanos Río 2007, los salvacionistas se unieron a otros grupos y, usando folletos, conversando, exhibiendo vinchas, marcaron presencia e hicieron al pueblo pensar en esta dura realidad.
En otros lugares del Brasil también hubo movilizaciones y aunque la TV y los medios en general no lo destacaron debidamente, lo que importa es que el mensaje se ha dado y, por las experiencias, la sociedad brasileña no está satisfecha con el rumbo que ha tomado la explotación.
Pero este capítulo de nuestra era tan moderna, tan técnica, tan llena de facilidades y posibilidades, y tan igual a los otros capítulos escritos por personas que no toman en serio la voluntad de Dios. La Palabra de Dios es rica en citas sobre la degradación, la violencia y la deshumanización del ser perfecto que fuera creado como obra prima. Como dice el Apóstol Santiago en su carta: "Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, ella es de este mundo, es de nuestra naturaleza humana y es diabólica.". (Santiago 3:15).
Existe solamente un remedio para esta decadencia: La vuelta del ser humano a los perfectos principios dados por Dios, estos principios que valorizan a la humanidad y buscan la redención, la comunión con el Creador. Por más que se indigne, se enoje con este tipo de violencia, vale decir que ella está insertada en el contexto de nuestra convivencia, nuestra cultura y, para cambiar, somos nosotros los que tenemos que cambiar. El cambio debe ser de adentro para afuera con fuerza total.
El problema es que, por naturaleza, somos adversos a los cambios. Preferimos las cosas al estilo que son, aunque no aprobemos totalmente el actual estado de ellas. También existe otro factor, que es la falta de fuerzas para luchar contra la injusticia porque no tenemos en nosotros mismos el poder para luchar contra nuestros hábitos, nuestra forma de ser. Pero la solución está en Dios, como diría el Salmista David en el célebre Salmo 121:2 "Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra."
Nuestra esperanza no es la capacidad de conseguir hacer justicia. Es la capacidad de ver la justicia de Dios apuntando a la rectitud mucho antes que estos problemas tiñeran de horror las páginas de los noticieros diarios. Mucho antes que el ser humano fuera escandalizado con las barbaridades que suceden. Dios ya alertaba con extrema indignación sobre las cuestiones étnicas. Lo que hoy está en las vinchas de protestas contra los abusos, siempre estuvo escrito en las páginas de la Biblia - lo que muestra dos cosas:
1- El mal, o el pecado, está impregnado en el ser humano. 2- El mismo Dios que condena todas esas cosas, tiene poder para curar, salvar y transformar vidas. Él deshace los traumas de las vidas y deshace el espíritu maligno, devolviendo la pureza, la paz y la esperanza. Por eso Él es el Creador (es: verbo en presente.).
Así podemos orar las palabras del Salmo 51:10, "Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí."
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